Hace unos meses Mechi Bidart, con quién compartimos tiempo en TECHO Argentina, me escribió para una idea que estaba desarrollando en el MIT.

Un proyecto par darle mayor autonomía financiera a emprendedores del sector popular que viven comunidades donde las redes de contacto y de comercialización para iniciativas productivas propias son escasas y llegar a fin de mes un desafío.

¿La idea? Una aplicación con una moneda local.

¿Qué hace la aplicación? Crea una red comunitaria que permite dar a conocer a los empresarios locales en su misma comunidad, promoviendo el intercambio de bienes y servicios dentro del barrio para evitar que los activos y la plata de los vecinos se escurran y sean invertidos fuera del barrio.

¿Qué hace la moneda? Genera un nuevo método de intercambio complemento de la moneda nacional, propio de la comunidad. A partir de la identidad del barrio, dando independencia y soberanía a las finanzas de los emprendimientos comerciales de quienes habitan allí. Se respalda en la propia producción y la oferta de cada vendedor y en la confianza mutua de los integrantes de a red y permite aumentar la circulación de dinero y a la larga los ingresos y ahorros de los vecinos. La cantidad de moneda en circulación será igual a la cantidad de productos ofertados en el mercado.

Las últimas semanas nos dedicamos a analizar la factibilidad del proyecto n junto a vecinas y vecinos de Villas de San Pablo en Barranquilla, Colombia. Un barrio de vivienda semi pública donde viven 3000 familias que llegaron allí por diferentes razones y en diferentes tiempos: desplazados de lss zonas rurales afectadas por los tiempos violentos que sacudieron al país, desalojados de asentamientos informales o concursando para de beneficiarios de políticas públicas de vivienda. En definitiva, un barrio de vivienda pública cómo los que vemos en toda la región. Repetición de viviendas estándar, en altura y de lote individual. Limitadas opciones para la adaptación familiar y el uso comercial de la vivienda y los desafíos clásicos de estos proyectos. Localización, transporte público, equipamiento urbano e inseguridad asociada a la falta d cohesión social. Con la ventaja de tener una organización trabajando allí con presencia activa y dedicada entre otras cosas al fomento económico que nos ayudaba a ingresar y reducir tiempos en generar confianza. No es fácil entrar como externo a una comunidad con propuestas externas y menos a hablar de plata, en especial cuando hace falta.

El proceso de trabajo se dio a partir de la conformación de una red de vendedores locales interesados en trabajar en un proceso de investigación participativo que permitas entender dinámicas sociales y económicas del barrio, el mapa del barrio y sus actores, lo que potencia y dificulta las finanzas familiares. De a poco y con varias instancias de taller se fue armando un grupo que asumió liderazgo sobre el proyecto y el proceso que propusimos. Vecinas y vecinos, la mayoría emprendedores, que vieron importante pensar métodos alternativos para potenciar sus negocios y a la comunidad y con ellos fue tomando forma a a idea que pasaba de ser un borrador a ser un plan de acción adaptado a los intereses y la visión que la comunidad quería darle.

Quienes viven aislados en varios aspectos de la llamada formalidad y los derechos básicos requieren cada vez más de propuestas que apunten al desarrollo y el cuidado de sus métodos de producción y sus cadenas de valor y lejos de buscar hacerlos parte del sistema convencional, explorar hacia donde la multigestión y la organización comunitaria los puede llevar. Es momento de dejar de pensar en cómo lograr que accedan a una cuenta o un préstamo que no podrán pagar y que sean parte del sistema bancario que no fue pensado en su beneficio y que rara vez permite movilizarse en la pirámide social. Empezar a moldear sistemas nuevos, basados en la economía colaborativa, en el apoyo mutuo, fomentando las redes que existen, los talentos, la capacidad productiva y la confianza. En pocas palabras, facilitar que puedan hacer su propia vaina y dejar de intentar que se sumen a la vaina que solo los ata adónde están.

La economía del sector popular genera iniciativas de este estilo constantemente. Una moneda local con una aplicación que mapeé comercios y oportunidades dentro de una comunidad puede darle vuelo a estas iniciativas, aumentar las ventas y las compras, generar ahorro, animarse a producir o vender necesidades que hoy no se cubren dentro de la comunidad o nuevos empleos. Y por qué no, un fondo comunitario que genere fondos para invertir en infraestructura local o hasta préstamos a nuevos emprendedores. Y así seguir apoyando los procesos de la comunidad, las luchas del barrio, la cohesión y la voluntad de avanzar.

La red de vecinos comerciante de Villas de San Pablo tiene un plan para fortalecerse como red, abrirse a nuevos integrantes mientras se diseña la tecnología que pueda alojar el sistema de intercambio con la moneda propia de ls comunidad.

Queda ponerlo a prueba en unos meses…