Hace unos meses @Mechi Bidart, con quién compartimos tiempo en TECHO Argentina, me escribió para una idea que estaba desarrollando en el MIT y de a poco nos enmarcamos en una iniciativa que comenzamos a trabajar el junio pasado en Colombia. Acá va un pequeño relato de la experiencia de trabajo.
| ¿Qué? |
Quipu es una iniciativa para darle mayor autonomía financiera a emprendedores del sector popular que viven comunidades donde las redes de contacto y de comercialización son escasas y llegar a fin de mes un desafío.

¿La idea? Una aplicación para promover el comercio dentro del barrio con una moneda local.
– ¿Qué hace la aplicación? Crea una red comunitaria que permite dar a conocer a los empresarios locales en su misma comunidad, fomentando el intercambio de bienes y servicios dentro del barrio para evitar que los activos y la plata de los vecinos se escurran y sean invertidos o gastados fuera del barrio.
– ¿Qué hace la moneda? Genera un nuevo método de intercambio complemento de la moneda nacional, propio de la comunidad. A partir de la identidad del barrio, dando independencia y soberanía a las finanzas de los emprendimientos comerciales de quienes habitan allí. Se respalda en la propia oferta que cada vendedor aporta a la economía barrial y en la confianza mutua de los integrantes de la red, facilitando el aumento de la circulación de dinero, los ingresos y ahorros de los vecinos. La cantidad de moneda en circulación será igual a la cantidad de productos ofertados en el mercado virtual de la aplicación. La moneda no está diseñada como mecanismo de acumulación ni especulación y debe ser utilizada únicamente dentro de la comunidad. Siguiendo el principio de Gresham, frente a la existencia de 2 tipos de monedas en curso, el consumidor elige gastar la que menor valor de cambio tiene y acumular en la que mayor valor tenga, suponiendo oportunidades de ahorro.
Es un sistema de confianza mutua comunitaria que permite facilitar las transacciones dentro de la comunidad, dar a conocer emprendimientos y liberar moneda nacional que suelen gastar en el mercado, para poder ahorrar.
| ¿Dónde? |
Las últimas semanas nos dedicamos a analizar la factibilidad del proyecto en conjunto acon vecinas y vecinos de Villas de San Pablo en Barranquilla, Colombia. Un barrio de vivienda semi pública donde viven 3000 familias que llegaron allí por diferentes razones y en diferentes tiempos: desplazad
os de zonas rurales afectadas por los tiempos violentos que sacudieron al país, desalojados de asentamientos informales o concursando para de beneficiarios de políticas públicas de vivienda. En definitiva, un barrio de vivienda pública cómo los que vemos en toda la región y con los mismos desafíos: Repetición de viviendas estándar, en altura o de lote individual, lejos de la trama urbana de la ciudad. Limitadas opciones para la adaptación familiar y el uso comercial de la vivienda. Localización, reducido transporte público, equipamiento urbano e inseguridad asociada a la falta de cohesión social generada en los mecanismos de creación del barrio. Se presentó la ventaja de tener una fundación trabajando allí con presencia activa y dedicada entre otras cosas al fomento económico que nos ayudaba a ingresar y reducir tiempos en generar confianza. No es fácil entrar como externo a una comunidad con propuestas externas y menos a hablar de plata, en especial donde hace falta.
| ¿Cómo? |
Desde el comienzo, comenzamos a trabajar en la conformación de una red de vendedores locales interesados en co-diseñar con nosotros. Empezamos un proceso de investigación participativo para empezar a dar cuenta de las dinámicas sociales y económicas del barrio, el mapa del barrio y sus actores, lo que potencia y dificulta las finanzas familiares, entre otras cosas. De a poco y con varias instancias de taller se fue armando un grupo que asumió liderazgo sobre el proyecto. Vecinas y vecinos, la mayoría emprendedores que vieron importante pensar métodos alternativos para potenciar sus negocios y a la comunidad y con ellos fue tomando forma a a idea que pasaba de ser un borrador a ser un plan de acción adaptado a los intereses y la visión que la comunidad quería darle. Y entre todos, revisamos los resultados de las encuestas para sacarle valor cualitativo, armamos un mapa de activos del barrio, hicimos juegos para probar mecanismos de intercambio y conversaciones hasta saber bien donde estábamos parados y que esperábamos de esto.
| ¿Para qué? |
La economía del sector popular se reinventa a través de iniciativas creativas constantemente. Toca sortear los problemas de liquidez y falta de capital, de acceso a la información y a redes de comercialización. Un sistema de economía colaborativa puede ayudar a construir capacidad económica y cohesión social entre los comerciantes, conocerse, complementarse y apoyarse mutuamente. Desde el punto de vista individual, la aplicación permite dar a conocer al comerciante y acompañarlo con herramientas de contabilidad y gerenciamiento y a su vez de posicionamiento de su producto. Al mapear comercios y oportunidades dentro de una comunidad puede darle vuelo a estas iniciativas, aumentar las ventas, animarse a producir o vender necesidades que hoy no se cubren dentro de la comunidad. Desde el punto de vista comunitario se construye confianza al aumentar el contacto entre los productores y consumidores, lo que puede abrir a dar oportunidades de nuevos empleos, a complementarse en la producción y las ventas, a comprar en conjunto a gran escala para bajar los costos. Y a la larga, en la medida que el uso de la moneda local sea útil e interesante, crear un fondo comunitario que genere oportunidades para invertir en infraestructura local o hasta préstamos a nuevos emprendedores. Y así seguir apoyando los procesos de la comunidad, las luchas del barrio, la cohesión y el ímpetu de avanzar.
Quienes dependen de la economía popular y encuentran postergados sus derechos básicos requieren de propuestas que apunten al propio desarrollo de sus comunidades, el cuidado de sus métodos de producción y sus cadenas de valor. Muchas experiencias generadas desde las bases ya van dando cuenta de que es momento de salir de la caja y de los métodos de la economía convencional, de dejar de buscar mecanismos que acerquen a los sectores vulnerables a que sean parte del sistema, que se «formalicen» como todo el resto. Es tiempo de dejar de pensar en cómo lograr que todos accedan a una cuenta o un préstamo que no podrán pagar y que sean parte del sistema bancario que no fue pensado en su beneficio y que rara vez permite movilizarse en la pirámide social. La tecnología puede hacer un aporte para explorar hacia donde la multigestión y la organización comunitaria los puede llevar. Moldear sistemas nuevos, basados en la economía colaborativa, en el apoyo mutuo, fomentando las redes que existen localmente los talentos, la capacidad productiva y la confianza. Que la comunidad pueda hacer su propia vaina y dejar de insistir en hacerlos parte de la vaina mayor establecida. Apuntando a reducir las brechas de la desigualdad enfocándose en las personas y en las bases y no en la eficiencia ni en la rentabilidad.
La red de vecinos comerciante de Villas de San Pablo tiene un plan para fortalecerse como red, abrirse a nuevos integrantes, generar espacios de posicionamiento de la propuesta, mientras se diseña la tecnología que pueda alojar el sistema de intercambio con la moneda propia de la comunidad. Estamos trabajando a la par en ambas cosas para poder testear en breve la aplicación.
En octubre volveremos a la comunidad y pondremos a prueba la aplicación y la moneda para captar sensaciones, ver puntos de mejora y ojalá antes de las fiestas que la aplicación esté funcionando.
