Se cumplen 9 meses desde que salí de Buenos Aires. Estoy en un tren que cruza Sudafrica, viajando de Ciudad del Cabo a Johannesburgo, pensando en todo lo que pasó. En 9 meses pasaron muchas cosas que una foto subida a instragram no llega a mostrar. Sorpresas, pequeños y grandes sustos, incertidumbres, cambios de planes, situaciones incómodas, personas y lugares que dejan alguna marca, positiva o negativa.
- Visité 9 países, en Mozambique y Rwanda me quedé más de 3 meses lo que me permitió conocer los países de otra manera, la cultura, la historia, el idioma y el día a día. Hice algunos buenos amigos que ojalá me cruce nuevamente.
- Viajé en trenes, en barcos, apretado en combis llenas de gente, en colectivos sucios que se llenan de polvo por las calles de tierra, donde siempre alguien votimaba y los pasillos se llenaban de gente, cajas, bolsas y valijas. En todos tuve alguna charlar interesante con alguien, en todos alguien se preocupó por darme indicaciones u ofrecerme comida. Me dieron más de lo que me pidieron.
- Viajé en un camión con Fede Cacha que transportaba personas y harina de maíz, que se quedó en una reserva de leones y leopardos en plena noche. Pasamos la noche ahí, yo con cagadera y cacha con la mochila meada por un borracho. Lo que tenía que durar 6hs duro casi 24. Muchas veces acá 100km son 4hs, y así se aprende a esperar.
- Dormí en carpas, en chozas redondas en el mato, en cuartos baratos con cucarachas y algunos mejores. Casas de monjas, de familias y a veces algunos hostels. La mayor parte de mis noches las pasé bien recibido y sin pagar hospedaje.
- Recorrí casi toda la costa africana del Índico. Desde Durban bien al sur hasta Lamu casi en Somalía. Estuve en el desierto de Namibia, me bañé en algunos de los grandes lagos de África. Conocí las montañas de Mozambique, las suaves colinas de Ruanda, algunos bosques, la selva y la sabana.
- Conocí expatriados con sueldos altos, migrantes pobres en busca de oportunidades, refugiados, gente que pasó por guerras y genocidios. Gente de campo y de ciudad, de asentamientos o de complejos suburbanos enrejados. Mamás africanas en vestidos de colores y sombreros. Y nunca me faltó que me ofrezcan un té o un plato de comida.
- Conocí musulmanes, indios, europeos, latinos y asiáticos. Bantús que hablaban en lenguas con clicks. Viajeros eternos, oenegeistas, ambientalistas y muchos intermediarios que consiguen todo lo que necesites.
- Me hospedó un químico que hace deportes extremos y rescata serpientes que aparecen en casas o edificios públicos para que no las maten. Me enseño, entre otras cosas, a hacer jabón con el aceite que usamos para cocinar orugas.
- Pasé unos días en lo de un candidato a Diputado que pasó del campo a la ciudad: Vive en un suburbio y maneja un Corolla, pero come su harina de maíz con la mano, sentado en el piso y cuando puede con algo de carne pero en general verdura.
- Me hospedaron unos pibes que fumaban marihuana desde el desayuno hasta la noche.
- Me hospedó gente que me presentó a sus familias y amigos. Me llevaron a bares y a restaurantes. Me cocinaron sus comidas y yo cociné las mías. Muy pocos se animaron a probar un mate.
- Hubo amor, viajes con amigos y con mi vieja. Hubo también momentos de soledad. Aunque la soledad hay que buscarla en el continente donde la gente muestra interés genuino en un saludo o en una charla.
- Tuve malaria y me mató. Me dejó tirado en el piso sin fuerzas varios días. Y otra vez terminé deshidratado con una línea de suero en un hospital. Me perdí, llegué a ciudades tarde a la noche solo y sin batería en el celular. Sin plata local. ¡Qué fácil perderse o enfermarse en un continente donde la norma es preocuparse por el otro!
- Alguna vez me intentaron estafar, cobrarme más de la cuenta por ser turista. Y una vez en pleno centro de Johannesburgo, una mañana de un día hábil caminando por la ciudad, tuve el miedo que no tuve nunca en mi vida. ¡Que miedo lo que genera la desigualdad y el racismo!
- Saludé y charlé con personas desconocidas en ciudades grandes, pueblos y aldeas. Me invitaron a comer y me contaron sus historias. Me trataron como hijo y como hermano.
- Les saqué la lengua a todos los chicos que pude. ¡Algunos chicos se acercaron a verme intrigados y otros lloraron y corrieron con miedo!
- Me tocaron el pelo y algunas mujeres me pidieron que me rape y se los regale. Yo por las dudas siempre ofrecí venderlo. Los rulos valen.
- Comí casi todos los días porotos, arroz, harina de maíz (pap/nsima/xima/stata/ugali) y verdura hervida, aunque en algunos casos aislados comí avestruz, gacela, cabra y cordero. Chiapatis, naan y samosas. Nyamachoma y curry. Cabeza de vaca y pajaritos fritos. Gusanos y orugas. Bananas, tomate de árbol y ananá. Me llevo algunas recetas. Nunca dije que no a probar algún plato nuevo.
- Aprendí a saludar y a decir gracias en varios idiomas. Es habitual que los africanos hablen más de 3 o 4 idiomas, entre dialectos y lenguas europeas coloniales. ¿Y alguien pone en duda su capacidad?
- Aprendí sobre el poaching: Conocí guardaparques que defienden la caza ilegal del rinoceronte o de los elefantes que se llevan los chinos a cambio de grandes negocios de construcción. Hacen algunas rutas en 5 años posiblemente habrá que hacer de vuelta. También conocí un guía cazador que por 20.000 euros te llevaba hace unos años a cazar un elefante.
- Vi cómo se vive en comunidad, pero de verdad. Cuando todos son hijos de todos y todos son primos o hermanos que se cuidan los unos a los otros. Vi como se estira la comida cuando no alcanza pero vi también como se comercializa la más básica de las necesidades: el agua corriente para bañarse o lavar. Hay modelos diferentes al paradigma occidental de la vida individualista, enfocada en méritos y logros personales, donde el tiempo no es dinero y el conjunto es más importante que uno, donde entre todos se sacan adelante proyectos públicos y en comunidad se resuelven los conflictos. Yo no conozco ni a los vecinos con quienes comparto Callao.
Reforcé que mi camino va por acá. Va un abrazo a todos quienes me crucé, quienes me ayudaron y quienes me compartieron sus vidas. Definitivamente no será la última vez que pise el gran continente africano.
Estamos juntos!
Les dejo un mapa con los lugares que conocí. Las lineas rectas son en violeta aviones y en naranja trenes, el resto de los puntos se conectaron con muchas horas de autos, combis o colectivos y algún que otro barco o ferry.

