Desde que llegué a Rwanda estoy intrigado y atento prestando atención a la previa de las elecciones aunque aburrido frente a la ausencia del chicaneo mediático argentino, la falta de chequeado.com, eameo, revista Barcelona, memes, propaganda de vía pública, etc. En un contexto de ausencia total de prensa opositora/independiente y por supuesto inexistencia de oposición de cualquier tipo es difícil que se de lo que alimenta el entretenimiento argentino en épocas de las PASO. Esto viene a ser la historia oficial local, lo que uno absorbe estando acá, preguntando y escuchando a la gente…La otra historia capaz hay que contarla desde otro lugar.
Kagame (es el apellido de Paul, en serio), es Presidente de Ruanda desde 2003 y vuelve a ganar por un porcentaje apabullante. Esta vez, 98,6% de los votos a su favor y nadie discute la transparencia de la elección, ni los locales ni los observadores internacionales que vinieron (votar es optativo y votó un 75% del padrón). Kagame no es solo Presidente desde 2003, antes terminó el mandato del presidente anterior siendo vice previamente, esmlíder y fundador del partido político, jefe de las fuerzas armadas y de la milicia que tomó control del país frenando uno de los genocidio más terribles del siglo XX. Kagame organizó la milicia desde Uganda y cruzó las colinas para llegar a Kigali a tomar el poder a los tres meses de desatada la masacre, en Julio de 1994. Es como San Martín cruzando los Andes, De Gaulle y Leclerc cruzando el arco del triunfo recuperando París de los alemanes. Gardel, Lepera y toda la orquesta junta.
Considerando lo reciente de los hechos, los chicos huérfanos hoy jóvenes, las familias partidas al medio, es difícil no concederle esa figura de liderazgo y representación. Toda persona mayor hoy de 25 años lo vivió y muchos otros nacieron con las consecuencias. Pero lo más interesante es como conservarlo con el tiempo y que solo 23 años después Ruanda se encuentre tanto más avanzado que el resto de los países de la región.
Desde que llegué, aprendiendo como venía el panorama electoral y como había sido la historia de los últimos años, me empecé a hacer muchas preguntas sobre la democracia, o sobre como concebimos la democracia. La permanencia de la misma persona tantos años genera dudas razonables en una primera mirada poco profunda.
Con tantos años en una organización social, aprendí sobre el ejercicio de la participación ciudadana y la importancia que tiene en la democracia y fui desarmando la idea de pensar en votar como principal derecho del pueblo en el sistema democrático, y que a eso se limitaba la democracia. Que trae de la mano otro concepto validador del orden en el sistema, la oportunidad de la alternancia. La posibilidad de cambiar el voto, de rechazar con el voto como castigo al gobierno. Y con el derecho a ejercer esa opción uno podía estar tranquilo de que vivía en democracia.
Y con menor fuerza y algunas licencias según de que país hablemos cuestiones que no son menores que toman pesos relativos diferentes según la situación y la mirada ideológica. Si hay o no libertad de expresión, libertad de prensa, calidad de los gobernantes, el sistema de las fuerzas de seguridad, la libertad de asociarse en sindicatos, la protección de la propiedad privada, el derecho a manifestarse libremente en la calle sin represión o miedo. Estas cosas importan, pero al parecen importan mas o menos según que nivel de satisfacción general haya con el gobierno, que de algún modo se relaciona con cierto bienestar en la población. De esta lista pocas se cumplen en Rwanda, y muchas otras cosas que se sospechan o se dicen desde afuera uno no las vive, ni se entera acá, justamente por la falencia en todos los puntos anteriores. Y así se dan muchas veces las discusiones sobre Cuba por ejemplo, y yo me pregunto qué es lo más valioso de la democracia: Si es votar, si es poder mofarse de algún candidato desde la prensa, o si es la calidad de vida de la gente lo que marca la vara.
Por otro lado, pocas veces se incluye en la discusión el significado dado en una democracia por la sociedad civil y su participación en sus procesos, una marcha en contra o a favor de algo, las organizaciones sociales y barriales y su llegada a los espacios que sector público no llega, las iniciativas populares legislativas, las asociaciones ciudadanas de cualquier tipo que aportan al global de la sociedad o que hacen mejor un barrio o una comunidad desde lo pequeño. En África y en especial en Mozambique y ahora acá me fui encontrando con varios mecanismos de ejercicio ciudadano popular que son interesantes y que le aportan gran valor a la democracia. En Rwanda el último sábado de julio se organizan todas los ciudadanos de un barrio para mejorarlo, se organizan y hacen veredas, escuelas, limpieza de las calles o lo que haga falta. Hay consejos escolares donde participan los padres y los chicos, cooperativas rurales par fomentar los cultivos, la ayuda mutua y mucha gente que sin Ley reglamentada ni razón social inscrita, a veces cuando hace falta algo, cuando se rompe una calle o un puente, cuando se vuela un techo, se organiza y trabaja para mejorarlo. Sociedades como estas, con una población reducido en un 40% entre muertes y exhilios, y muchísima plata de la arrepentida cooperación internacional por no haber intervenido a tiempo en la masacre hicieron de Ruanda un país con cada vez mejores indicadores, pacífico, seguro, ordenado, moderno, limpio, con visión y planificación a largo plazo. No se usan bolsas plásticas de ningún tipo, se protegen los humedales de los valles en las ciudades para evitar catástrofes climáticas y en esos espacios, en puntos claves de la ciudad, familias y comunidades cultivan y venden productos.
En la película de Brad Pitt «War Marchine» muestra exageramente la presión de EEUU por imponer democracia en Afganistán luego de la guerra, presionando por que se mantenga el sistema electoral como eje de la democracia mientras que a la población aparentemente no le importa votar. Similar a lo que podía leer que se escribía desde la prensa internacional del establishment, y lo que se piensa cuando un país tiene al mismo Presidente desde hace 17 años (y que podría estar en el poder 17 más según las reglas post-referéndum). Nadie habla de l , del valor de la participación democrática ni de las políticas públicas inclusivas que puedan generar semejante coacción que genere que vote casi el 90% de la población por tercera vez a la misma persona. No se considera la enorme reducción de la pobreza que hubo en los últimos 10 años que este país tiene el mayor porcentaje de mujeres en el Parlamento, ni la diversidad cultural y religiosa que convive en las poblaciones locales, que los índices de percepción de corrupción son mejores que muchos países de Europa. Son algunas de las cosas que hacen diferente a Rwanda del Estados Unidos, pero que para la mirada occidental se concibe como una falla en el sistema que impera en este país.
No termino de entender si puede haber algo tan bien armado o manipulado que de el 98,6% de los votos después de tantos años. Algo tiene estar funcionando que general níveles de bienestar general en todos los sectores de la población población como para que nadie este pensando en oponerse con un poco más de fuerza al mismo partido y a la misma persona. Algo, aunque unos puntitos más para presionar al gobierno a mejorar algo, a que sienta un poco la presión de la opción del pueblo por la alternancia. Y a diferencia de eso mientras en otros países acostumbramos a usar las mayorías y las minorías para controlar los abusos de algún gobernante que vaya en busca de extender su permanencia, acá se arma un referendum para extender su posibilidad de ser re-electo una vez más y se aprueba con enorme popularidad. Y ya en algunas charlas con locales escucho como hay que empezar a hablar de cambiar la constitución para la próxima. Claro que hay que plantearse como se generan mecanismos de semejante aprobación popular, si existe presión o cohersión, el rol de las fuerzas de seguridad, de los medios oficialistas (y únicos), la educación cívica y en general en las escuelas y universidades, el pensamiento que domine, que son temas en los que sin duda hay que enfocarse acá. Pero también habrá que pensar si la necesidad del cambio de gobernante, del fin de los ciclos, de que no sean siempre los mismos, es algo universal o algo de la cultura occidental desparramada, que se posicionó y nos marcó a fuego que era y que no era lo importante. Casi como único indicador de confianza de países como para que publiquen una estadística con un planisferio en escala de grises y con eso uno después planifique que países se puede visitar y cual no cuando llegan las vacaciones. A pesar de eso, no significa eso que Ruanda sea esa Afganistán de la película. En general con las personas que hablé estaban «contentas de haber votado, de haber ejercido la democracia una vez más en una jornada tranquila y pacífica que nos tiene que recordar a todos que hubo épocas en las que ese derecho no estaba consagrado». También habrá que pensar si la instancia electoral importa tanto en los contextos donde la gente no tiene tiempo de pensar en la política exterior y en la toma de decisiones de nivel nacional cuando la economía depende de trabajos que dependen de poner el cuerpo para llegar a un plato de comida, donde no hay ahorro ni previsión, o tal vez lo que importa justamente por eso se prioriza lo local, lo barrial, lo comunitario.
Hay un cierto doble filo en empoderar tanto a la participación por que en definitiva eso algunas veces habla de una democracia debilitada, donde los poderes del Estado no están a la altura de sus facultades, eso motiva a la ciudadanía y relaja al Gobierno de llegar con políticas públicas de calidad, pero supongo que para ese debate hay gente que sabe más que yo del tema. Me quedo con lo constructivo y positivo de una participación ciudadana que mejora la democracia desde la apertura, la diversidad organizada, del accionar en conjunto.