Desde muy chico tuvo claro que quería estudiar arquitectura. Creo que eran las de hacer algo que trascienda, que de materialice y quedé por mucho tiempo. No sé bien la razón. Será alguna intención boluda de querer inmortalizarse, o capaz simplemente aportar algo al entorno.
En 2011 me recibí y luego de varios años en un estudio de arquitectura empecé a trabajar en TECHO en un rol muy alejado de la construcción o el diseño. Nunca dudé sobre la elección de la carrera, simplemente en ese momento había algo que me movía más. Fui aprendiendo que no necesariamente trascender era construir algo de material, pero sí la posibilidad de hacer algo útil que le sea valioso a alguien más que a mí mismo.
Recién en mi primer viaje a Mozambique retomé el dibujo para mejorar las aulas. Como cuesta mucho conseguir siempre materiales de las mismas medidas, hay que ir adaptándose a lo que se consigue. Sacamos una columna que tenía el aula en el medio, armamos con hierros el piso que se venía destruyendo en aulas anteriores. Y mientras trabajaba en TECHO iba tratando de pensar el paso siguiente, si era la arquitectura desde su ejercicios tradicional o qué. Arranqué una maestría que terminé de cursar antes de viajar y que me ubico en el medio entre la arquitectura y las ganas de dedicarle tiempo a las problemáticas de la desigualdad, la pobreza, la justicia social.
Ahora, a un mes de mi llegada a Mozambique, puedo ponerlo en palabras: Acá se conjuga todo. Las ganas de viajar y conocer otras culturas, la posibilidad de hacer arquitectura, de buscar proyectos asociados a los derechos que se vulneran en comunidades de cualquier lugar del mundo y aprender, siempre aprender. En especial de un contexto tan complejo como éste.
Estoy viviendo en la misión de un cura que trabaja en una zona rural y muy pobre de Mozambique, que da hospedaje a los voluntarios de Somos del Mundo que todos los veranos viajan para construir aulas en escuelas donde la infraestructura escolar limita los anos de educación de los chicos. Las aulas son sencillas, no requieren de grandes conocimientos técnicos y tienen un manual muy práctico hecho por el equipo de voluntarios. Y en cada viaje, se hacen mejoras. A la vez podemos mostrarlo y revisarlo junto con las familias de las comunidades donde trabajamos y a los «mestres» que aportan la mano técnica local. No sirve diseñar en Argentina y traerlo y acá se puede de la mano de un calco y escalímetro, dibujar, revisarlo, mejorarlo.

En este momento estamos haciendo una versión del aula con un techo con pendiente a un agua que facilita la construcción, permite recolección de agua de lluvia, da más espacio, limita filtraciones de agua y nos permite pensar en crecer en tamaño con una cabriada modulado y flexible. Incluso da la opción para tener variantes y que los líderes de las comunidades puedan elegir que prefieren.
El Padre Juan Gabriel está mudando la escuela de la misión a otro terreno y empezó a hablar con Somos del Mundo para que podamos aportar con las aulas. El desafío es mayor: la escuela va a un terreno donde no hay nada, implica pensarlo como una obra nueva. No hay mucha plata así que tiene que ser sencillo, pero esos detalles quedan para otro día.
Acá se conjuga y se resignifica todo lo que aprendí. Acá donde la organización comunitario es tan fuerte que determina la vida de las personas que no se vinculan únicamente frente a las problemáticas sino que la organización precede a cualquier injusticia, donde la ausencia del Estado hace que el impacto del voluntariado sea mayor, acá donde chicos saltean comidas o cargan 20 litros de agua en sus cabezas a diario, cada acción toma otro valor. Cada acción trae aprendizajes y significados nuevos.
Este último mes junto a cinco amigos, construimos tres aulas en dos comunidades. A la par pude estar abajo de un árbol y dedicarle tiempo a dibujar mejoras para las aulas que se harán y al proyecto de la escuela, mientras compartíamos costumbres, comidas, preguntas, mientras aprendíamos una lengua nueva y nos encontrábamos. No sé si esto será trascender, pero sea lo que sea es todo lo que me imaginé que quería hacer cuando pensé en venir.

Estamos juntos





