Tres años después, nuevamente en Mozambique. En moto desde casa a Aeroparque, 3hs en avión a San Pablo, 3 de espera, 10 en avión hasta Johannesburgo, 8 en combi hasta Maputo. Un tal Calixto me buscó con cartel en mano en «África do Sul» y me trajo hasta la capital de Mozambique. Después de Maputo, 5hs más en auto hasta Mangundze, con todas las transas imaginables, banana, castañas de cajú y bebidas. Wifi a bordo, música local o electrónica y ventanas bajas. Como siempre: calor. La gente se ríe todavía de los blancos que intentan hablar changana. El ventilador del cuarto del hostel donde ya estuve hace unos años sigue sin aportar mucho. Algunas cosas no cambian.
Otras sí: me llama la atención que abro el Facebook y veo que una ex novia con quien compartí varios años se casó hoy. Justo el día que aterrizo.
Señal de que el mundo se van acomodando eventualmente para que cada uno se encuentra con lo que quiere, con lo que busca. Las fichas se acomodan o se acomodarán.
Solo hay que ser pacientes con las vueltas del planeta y avanzar hacia allá. Sea lo que sea.